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La Concepción de
Toledo es la cuna de la Orden de la Inmaculada Concepción. Muerta
ya la Fundadora, la reina Isabel y la Abadesa Felipa de Silva,
sobrina de Beatriz, formularon otra solicitud, en este caso al nuevo
Papa, Alejandro VI, a la que este responde mediante la bula: “Ex
supernae providentia” dada el 19 de agosto de 1494. Con ella el
proceso fundacional sigue avanzando. Ahora se solicita para el
convento, y el Papa lo concede, la supresión de la Regla del Cister
con la que iniciaron la fundación y la implantación de la Regla de
Santa Clara. Asimismo se obtiene el permiso para fundar nuevos
conventos “a imitación del de Toledo”, con lo que se reconoce la
creación de una nueva Orden. Por otra parte se mantiene el mismo
hábito, el rezo de las horas canónicas y el tenor de vida
anteriores.
En enero de
1495 se lleva a efecto la unión de las comunidades
concepcionistas y benedictinas, por medio de la bula de Alejandro VI “Apostolicae sedis”, del 1 de septiembre de 1494. Viven en el
convento de San Pedro de las Dueñas, bajo la advocación de la
Concepción. Las dificultades para la convivencia eran muchas y
Felipa de Silva tuvo que abandonar este convento.
Expansión fuera de Toledo
En 1496
Cisneros entra en Toledo como arzobispo y reformador y, gracias a su
prudente autoridad, consiguió zanjar las diferencias de las monjas,
cambiando el ambiente en sosiego y paz.
En 1501 se
instala la Comunidad ya fusionada en su actual convento. Y antes de
obtener la Regla propia en 1511, empiezan a fundarse monasterios
concepcionistas fuera de Toledo. En 1504, 2 de octubre, cuando la
comunidad de la Casa Madre profesa todavía la Regla de Santa Clara,
el canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Toledo, Álvaro Pérez de Montemayor, hermano de Juana de San Miguel, funda el convento de la
Concepción de Cuenca. En 1507, tiene lugar la creación el primer
convento concepcionista de filiación directa toledana, el de
Torrijos (Toledo).
La bula de Julio II
Con la bula
de Julio II, “Ad statum properum”, de 17 de septiembre de 1511, dota
a dicha orden de su propia Regla. Con ello culmina el proceso
fundacional, y el Monasterio toledano de la Concepción y los nacidos
de él, quedan desvinculados, tanto de la Regla del Cister como de
la Regla de Santa Clara, siendo la primera Regla concedida bajo
esta advocación
Beatriz se
aparece al morir al P. Tolosa, su confesor, que se encontraba en
Guadalajara, rogándole que fuera «muy deprisa a Toledo, porque su
casa y orden estaban a punto de desaparecer».
Era cierto.
Las perturbaciones empezaron de inmediato. Los dominicos reclamaron
sus restos... Todo empezaba a desarrollarse conforme a la visión que
tuviera la Santa Madre antes de enfermar... «Tu Orden ha de ser
deshecha por tu muerte... más... florecerá y será multiplicada».
En el año 1526
habían ingresado en Toledo 89 religiosas y fundado en España 40
monasterios.
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El Cardenal Cisneros

El Papa Julio II
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